Traumatología Facial

La traumatología facial forma parte esencial de nuestra cartera de servicios en Cirugía Oral y Maxilofacial, ofreciendo atención especializada para todas aquellas lesiones que afectan los huesos y tejidos de la cara como consecuencia de golpes, caídas, accidentes de tráfico, deportes de contacto o agresiones. 

 

Estas lesiones pueden comprometer tanto la funcionalidad —como la respiración, la visión, la mordida o el habla— como la estética facial, por lo que requieren una valoración experta y un tratamiento oportuno para minimizar secuelas. El trauma facial incluye fracturas nasales, mandibulares, del malar o pómulo, orbitarias y lesiones del tercio facial superior, medio o inferior, cada una con manifestaciones específicas como deformidad, dolor, hematomas, dificultad para masticar o alteraciones visuales. 

 

El diagnóstico se basa en una evaluación clínica detallada complementada con técnicas de imagen, siendo la tomografía computarizada la herramienta más precisa para determinar el tipo y la extensión de la fractura. Esta valoración inicial permite identificar posibles riesgos asociados, como compromiso de la vía aérea, sangrado significativo o afectación neurológica, especialmente relevantes en traumatismos graves. 

 

El tratamiento de las fracturas faciales puede ser conservador o quirúrgico según su gravedad. Las fracturas leves y no desplazadas pueden manejarse con reposo, analgesia y medidas de inmovilización simples. Sin embargo, las fracturas desplazadas o aquellas que afectan la función requieren una intervención quirúrgica para restablecer la anatomía facial. La técnica más utilizada es la reducción abierta y fijación interna, que consiste en reposicionar los fragmentos óseos y estabilizarlos mediante placas y tornillos de titanio, un método seguro, fiable y con un índice muy bajo de complicaciones posoperatorias. Este tipo de tratamiento permite recuperar la funcionalidad previa y preservar la armonía facial. 

 

En situaciones de urgencia, como hemorragias importantes, dificultades respiratorias o traumatismos complejos, se realiza la estabilización inmediata del paciente asegurando la vía aérea, controlando el sangrado y aplicando medidas temporales de inmovilización hasta completar el estudio definitivo. Posteriormente, se planifica el tratamiento más adecuado para cada caso, atendiendo tanto a las necesidades funcionales como estéticas del paciente. 

 

El proceso de recuperación tras una fractura facial suele incluir controles periódicos con el especialista, así como recomendaciones específicas como dieta blanda, evitar esfuerzos físicos o impactos y, en algunos casos, fisioterapia para recuperar la movilidad y función. Este enfoque integral permite optimizar la cicatrización, prevenir secuelas y garantizar los mejores resultados posibles.

©Derechos de autor. Todos los derechos reservados.

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.