Patología de la ATM

La articulación temporomandibular (ATM) es una estructura compleja que permite funciones esenciales como hablar, masticar y abrir la boca. Su correcto funcionamiento depende de la coordinación entre el cóndilo mandibular, el disco articular, los ligamentos y la musculatura masticatoria. Cuando alguno de estos elementos se altera, pueden aparecer dolor, ruidos articulares, bloqueos o limitación de apertura, afectando de forma notable la calidad de vida del paciente.

 

Aunque muchos trastornos de ATM se tratan inicialmente con medidas conservadoras —fisioterapia, férulas o control de hábitos— existen situaciones en las que la patología es estructural y requiere un enfoque quirúrgico. Entre ellas se encuentran los desplazamientos discales irreductibles, la degeneración avanzada del cartílago, las anquilosis, los tumores de la región condilar o las secuelas traumáticas. En estos casos, la cirugía se convierte en una herramienta fundamental para recuperar la función y aliviar el dolor.

 

Las técnicas quirúrgicas han evolucionado significativamente. La artroscopia de ATM o la artrocentesis, permiten tratar muchas patologías mediante abordajes mínimamente invasivos, reduciendo el dolor postoperatorio y acelerando la recuperación. Cuando la afectación es más severa, pueden ser necesarias técnicas abiertas como la discopexia, la remodelación condilar o incluso la sustitución protésica de la articulación. Estas intervenciones requieren una planificación precisa y un conocimiento profundo de la anatomía, ya que la región está en íntima relación con estructuras vasculares y nerviosas de gran importancia.

 

En cirugía abierta de ATM, la protección del nervio facial es un aspecto crítico. Sus ramas temporales y cigomáticas discurren muy próximas al campo quirúrgico, por lo que su preservación es esencial para mantener la simetría y la movilidad facial. Para aumentar la seguridad del procedimiento, se emplea monitorización intraoperatoria del nervio facial (NIM), que permite identificar y seguir la actividad del nervio durante toda la intervención, añadiendo una capa adicional de protección y reduciendo el riesgo de secuelas funcionales.

 

Junto a la patología articular propiamente dicha, muchos pacientes presentan síndrome miofascial, un cuadro caracterizado por dolor muscular, puntos gatillo y sobrecarga de la musculatura masticatoria. En estos casos, además del tratamiento conservador, puede ser útil la aplicación de toxina botulínica en músculos como el masetero o el temporal. Su uso ayuda a disminuir la hiperactividad muscular, reducir el dolor y mejorar la función, siendo una herramienta eficaz en pacientes seleccionados y un complemento valioso al tratamiento global de la ATM.

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